Tengo dos defectos. En realidad tengo unos cuantos más y quizás alguno de los que omita en este post sean más severos y seguramente la cantidad definitiva dependa de a quién le pregunten. Pero hoy voy a contarles sobre dos de ellos.
El primero es que siempre me olvido los paraguas. Y el segundo es que suelo irme por las ramas cuando estoy contando algo. Asi que por favor me avisan cuando esté sucediendo lo segundo.
Lo de los paraguas me ocurre desde que tengo memoria. Mi primer paraguas no era uno personalizado. No existían los paraguas infantiles. Y en la casa de Bernarda Alba, todo tenía flores. Manteles, sábanas, cubrecamas, cortinas de baño y los paraguas no iban a ser la excepción. Así las cosas, mi primer paraguas fue uno descartado por mi vieja, la gringa. Morado con flores blancas. Les confieso algo, a ese paraguas me lo olvidé a propósito. Y quizás ahí le di nacimiento a una maldición. Pero, cualquiera de ustedes hubiese hecho lo mismo. Imaginen al niño Fer, protegiendo su pequeña hombría con ese paraguas. Elegiría una y mil veces ser arrastrado por un canal. La cosa fue así, estábamos en una heladería con la Consuelo y unos primos mios y yo pedí uno de kinotos al whisky. Pedí ese sabor para no convidarle a nadie, mismo motivo por el cual desde pequeño me gusta la Paso de los Toros tónica. Pero, ya estoy cometiendo el segundo de mis defectos. Aproveché que mi tía estaba ocupada viendo que no se maten mis primos y arrojé ese paraguas en un canastito de basura.
Al último de mis paraguas lo perdí hace dos meses y habrá sido por lo menos el paraguas número veinte en ser extraviado. No exagero. Y si no es cierto, que ya les caiga un rayo encima. Es broma che, jamás querría que mueran mis lectores.
Al último paraguas que perdí lo dejé en un taxi en el que venía con mis hijos, el bolso de Lucía, la mochila de Lautaro, mi mochila y .. ta tan ta tan ... el paraguas. Y el rebelde accesorio se quedó en el auto. Mi preocupación era que no me falte ningún hijo. Desde ese momento me juré no usar nunca más un paraguas. En ese interín me empapé un par de veces, pero vaya que sabe rico ser un rebelde. Era un acto de justicia. Justicia. Eso pensé que hacía falta cuando vi durante medio cursado del cuarto año de la secundaria un compañero le hacía bullying a otro. Las agresiones físicas y verbales eran diarias. Pensé que algo tenía que hacer y recordé que en algún rincón de mi dormitorio aún tenía pirotecnia guardada. La llevé al otro día, esperé al primer recreo y fui el primero en subir las escaleras hasta mi curso. Ubiqué las cañitas voladoras y petardos dentro de sus carpetas y las encendí a todas. Ok, debo admitir algo más. Hubo un error de cálculo y lo que estimé que iba a ser un poco de humo y quizás un cachitito de fuego localizado se extendió por el curso completo. Hubo que abrir ventanas y echar agua. Un compañero me delató y la llamaron a mi vieja para mostrarle las consecuencias del incendiario Fer. Quince amonestaciones me costó hacer que termine el bullying. Y lo volvería a hacer con mucho gusto. Pero, otra vez me fui por las ramas ... por favor, la próxima me detienen.
He perdido paraguas en ómnibus, casas ajenas, el colegio, la facultad, taxis, bancos, tiendas de ropa, etc.. No hay rubro que no haya marcado con algún paraguas. Los tuve de todo tipo, simples, reforzados, automáticos tipo robot transformer ... no hay caso. Todos van a parar a otras manos gracias a mi generoso olvido.
Supe olvidar algún paraguas también en verdulerías y carnicerías. Carnicería ... eso me recuerda a cuando en la secundaria nos pedían que llevemos algún órgano de la vaca para ... explorarlo.
En mi grupo nos fuimos turnando. A mi me tocó el corazón, a otro un riñón, a otro una parte del hígado y al cuarto integrante ... ese cuarto integrante faltaba a cada reunión del grupo. Asi que para la siguiente clase pensé que era necesario otro acto de justicia. Le dije que la profesora había pedido los dos pulmones. Y la traquea.
Al día siguiente lo vi bajar del auto de su mamá cargando dos bolsas negras, de esas para poner la basura pero de las más grande, goteando sangre a su paso. Feliz el tipo me lanzó un "no sabés lo que me costó pero acá están los pulmones con la traquea".
Hasta el día de hoy lo veo y me rio media hora antes de decirle "hola, cómo estás".
Aprendió el pibe pero otra vez me fui por las ramas ... en fin, dos meses les dije que anduve sin paraguas hasta que finalmente esta semana y después de haber sido amenazado de sufrir una muerte espantosa de parte de mi novia, me compré uno. Y mi vieja me regaló otro por las dudas.
En definitiva, si ven un paraguas negro, cortito, con funda con manija y que hay que apretar un botón para que se cierre, es mio, me mandan un mensajito y voy a buscarlo.
Gracias por entender.
miércoles, 27 de diciembre de 2017
martes, 19 de diciembre de 2017
Quiebre.
La felicidad hasta hoy es una melodía que me resulta esquiva, la que ni siquiera puedo tararear.
No sé en qué momento mi vida tomó el camino equivocado, convirtiéndose en lo opuesto a lo que quería para mi.
Me fui con Diego un día 12 de junio, era un martes, llovía y corría ese viento frío que llega desde las cumbres tucumanas por la nevada.
Detrás quedaban unas cuantas historias de amor del malo, de esos que incluian engaños, algún que otro golpe ... amores perros que dejaron un par de cicatrices en el cuerpo y otras tantas en el alma.
Sin embargo, después de cinco años con Diego me siento como la pieza de un rompecabezas que no encaja en ningún lado, un error de fábrica que no puede ser subsanado.
Ojo, Diego no era malo, Diego era para mi. No me refiero a que estábamos destinados, para nada, no hablo de esa ridícula leyenda del hilo rojo que une a dos almas, ¡por favor! Me refiero a que él hacía todo por y para mi, para verme feliz, era como un satélite girando alrededor mio, amándome todo el tiempo, cumpliendo todos mis antojos, consintiendo mis pedidos, hasta el más insólito, el más absurdo, dejándome mensajes de amor escritos por aquí y por allá ... por Dios, era insoportable.
No me juzguen, bien saben que todos los hombres son iguales, en algún momento, cuando yo hubiese estado completamente entregada a él me iba a clavar un puñal por la espalda.
Todos los que estuvieron antes lo hicieron, ¿por qué Diego iba a ser diferente? ¿Dónde se vio que una historia de amor sea real? El amor ... el amor es un invento de Hollywood.
Jamás me sentí toda una mujer con Diego. Antes tampoco. Pero ... Diego a pesar de ser tan bueno, tan dulce, tan romántico y tan hombre ... él me quitaba la ropa pero jamás me vio desnuda ... siento un poco de pena de decirle ésto pero tengo que decirle la verdad, estoy obligada, ¿no es así? la verdad es que mis orgasmos más intensos jamás fueron suyos.
Usted debería entenderme y ponerse un momento en mi lugar, no se haga el duro, mi vida era una comedia donde todo el mundo se reia de mi.
Estos cinco años fueron un calvario, forzando sonrisas, simulando gestos de manera calculada, actuando con maestría mi papel de esposa enamorada ...
Por eso lo maté.
Estábamos solos en la cocina, mientras conversábamos sobre los planes para el fin de semana y me pidió que lo ayude picando las verduras. Me dio el cuchillo chico, ese que termina en punta. Lo medí, lo sentí en mi mano derecha y se hizo carne en mi. No alcanzó a ver lo que venía, lo último que hizo fue lanzar un suspiro al aire antes de recibir la primer puñalada, que fue directo al cuello.
No le di tiempo a nada, su espalda fue el destino del resto de mi ataque hasta que se desplomó boca arriba sosteniendo su cuello con sus manos. Le brotaba la sangre por la boca y me miraba a los ojos, sorprendido, asustado. No pudo decirme nada. Con sus ojos me dijo todo.
Yo me quedé de pie frente a él hasta que solté el cuchillo y caí de rodillas a sus pies, en un mar de lágrimas mientras Diego se iba de este mundo.
Después de un rato, la verdad no sé decirle si fueron minutos, horas, días o años, los llamé a ustedes para que vengan a buscarme.
Y acá me tiene, esposada, sucia por la sangre de Diego, arruinada, rota por dentro desde que nací, quebrada. Mi vida fue un deja vu permanente, estuve encerrada en un bucle de infelicidad imposible de romper ... ¿Usted cree que por estar detrás de unas rejas voy a perder mi libertad? No me haga reir ... y no me haga perder más el tiempo, lléveme rápido con Diego que debe estar preocupado por mi, extrañando a su amor, ya debe haberme enviado mil mensajes ... por Dios, es insoportable ...
No sé en qué momento mi vida tomó el camino equivocado, convirtiéndose en lo opuesto a lo que quería para mi.
Me fui con Diego un día 12 de junio, era un martes, llovía y corría ese viento frío que llega desde las cumbres tucumanas por la nevada.
Detrás quedaban unas cuantas historias de amor del malo, de esos que incluian engaños, algún que otro golpe ... amores perros que dejaron un par de cicatrices en el cuerpo y otras tantas en el alma.
Sin embargo, después de cinco años con Diego me siento como la pieza de un rompecabezas que no encaja en ningún lado, un error de fábrica que no puede ser subsanado.
Ojo, Diego no era malo, Diego era para mi. No me refiero a que estábamos destinados, para nada, no hablo de esa ridícula leyenda del hilo rojo que une a dos almas, ¡por favor! Me refiero a que él hacía todo por y para mi, para verme feliz, era como un satélite girando alrededor mio, amándome todo el tiempo, cumpliendo todos mis antojos, consintiendo mis pedidos, hasta el más insólito, el más absurdo, dejándome mensajes de amor escritos por aquí y por allá ... por Dios, era insoportable.
No me juzguen, bien saben que todos los hombres son iguales, en algún momento, cuando yo hubiese estado completamente entregada a él me iba a clavar un puñal por la espalda.
Todos los que estuvieron antes lo hicieron, ¿por qué Diego iba a ser diferente? ¿Dónde se vio que una historia de amor sea real? El amor ... el amor es un invento de Hollywood.
Jamás me sentí toda una mujer con Diego. Antes tampoco. Pero ... Diego a pesar de ser tan bueno, tan dulce, tan romántico y tan hombre ... él me quitaba la ropa pero jamás me vio desnuda ... siento un poco de pena de decirle ésto pero tengo que decirle la verdad, estoy obligada, ¿no es así? la verdad es que mis orgasmos más intensos jamás fueron suyos.
Usted debería entenderme y ponerse un momento en mi lugar, no se haga el duro, mi vida era una comedia donde todo el mundo se reia de mi.
Estos cinco años fueron un calvario, forzando sonrisas, simulando gestos de manera calculada, actuando con maestría mi papel de esposa enamorada ...
Por eso lo maté.
Estábamos solos en la cocina, mientras conversábamos sobre los planes para el fin de semana y me pidió que lo ayude picando las verduras. Me dio el cuchillo chico, ese que termina en punta. Lo medí, lo sentí en mi mano derecha y se hizo carne en mi. No alcanzó a ver lo que venía, lo último que hizo fue lanzar un suspiro al aire antes de recibir la primer puñalada, que fue directo al cuello.
No le di tiempo a nada, su espalda fue el destino del resto de mi ataque hasta que se desplomó boca arriba sosteniendo su cuello con sus manos. Le brotaba la sangre por la boca y me miraba a los ojos, sorprendido, asustado. No pudo decirme nada. Con sus ojos me dijo todo.
Yo me quedé de pie frente a él hasta que solté el cuchillo y caí de rodillas a sus pies, en un mar de lágrimas mientras Diego se iba de este mundo.
Después de un rato, la verdad no sé decirle si fueron minutos, horas, días o años, los llamé a ustedes para que vengan a buscarme.
Y acá me tiene, esposada, sucia por la sangre de Diego, arruinada, rota por dentro desde que nací, quebrada. Mi vida fue un deja vu permanente, estuve encerrada en un bucle de infelicidad imposible de romper ... ¿Usted cree que por estar detrás de unas rejas voy a perder mi libertad? No me haga reir ... y no me haga perder más el tiempo, lléveme rápido con Diego que debe estar preocupado por mi, extrañando a su amor, ya debe haberme enviado mil mensajes ... por Dios, es insoportable ...
jueves, 14 de diciembre de 2017
Creo.
Cuando era niño y llegaba diciembre, era sinónimo de dos cosas: se terminaban las clases (por fin) y se acercaba Navidad. Los días previos hasta podía sentir un olorcito a Nochebuena.
Cada año llegaban de visita durante la semana familiares del interior de la provincia a regalarnos un lechón o pollos o un cabrito o una oveja. Y era mi abuela la encargada de preparar el plato principal. El resto de las integrantes de la casa de Bernarda Alba se ocupaba de hacer el resto de las compras (regalos incluidos) y de hacer los populares sanguchitos.
Mi responsabilidad era armar el arbolito. No era el arbolito más grande de la cuadra. Tampoco teníamos plata para comprar adornos nuevos todos los años, asi que tenía que manipular con mucho cuidado las guirnaldas para que no se rompa ninguna. No, no era claramente el arbolito más lindo pero era hermoso para mi.
Respecto de los regalos yo estaba convencido de que era el niño Dios en persona quien en algún momento pasaba a dejarme algún presente en el arbolito. El niño Dios. Un bebé que no sabía hablar y usaba pañales de tela.
Esa noche me ponía la mejor ropa y esperaba ansioso que salga la cena mientras me entretenía con los sanguchitos.
Y después del brindis, los besos y los deseos de las doce iba a toda velocidad a abrir mi regalo. Después se armaba un descontrol de niños en la cuadra, todos corriendo emocionados a mostrarle a los demás qué nos había traido ese bebé con super poderes.
Y como broche de oro para esos días mágicos llegaba Reyes. El barrio donde crecí está cerca de los cerros tucumanos y por las noches, si no hay nubes, pueden verse las luces de las casas que están en la cima. Todo el año pueden verse. Pero a partir del primero de enero para nosotros eran las luces de los reyes magos que venían camino a traernos más regalos. Nos volvíamos locos cortando césped, llenando vasos con agua, juntando galletas de esas que tenían forma de animales que no podían descifrarse y poniendo en la ventana un par de zapatos, el más decente de todos. El único en realidad.
Al amanecer encontraba un regalo nuevo. Seguramente habían entrado estos tres inmigrantes ilegales con tres animales exóticos de contrabando y con olor a incienso a dejarlo.
No habían dejando ningún rastro, salvo por el césped que había desaparecido, el agua se había terminado y las galletitas no estaban. Eran los únicos a los que les gustaban esas galletitas.
Y ese día se desarmaba el arbolito que con tanta emoción había armado.
Ese arbolito acompañó a las mujeres de casa hasta este año. Ya no daba para más. Y le dijimos a la Gringa que el arbolito nuevo iba a ser nuestro regalo de Navidad. Un árbol blanco me pidió, porque Jesús nació en invierno. Así fue que cargué un changuito con el árbol nuevo, adornos y luces mientras me vino una nostalgia muy grande por ese arbolito que por tantos años armé y desarmé, primero con mis manos de niño y más tarde con manos adolescentes.
Creo en todo lo que escribí.
Creo en esas memorias de mi infancia, en mi risa, en mis gritos emocionados, en mi desvelo feliz, en los sabores que aprendí de mi abuela.
Creo en ver felices ahora a mis hijos. Creo en encontrarme en sus ojitos, en sus pequeñas manos, en esa emoción que no ocultan esperando un regalo.
Creo en lo que creen, que vendrá un niño Dios en algún momento, mágico, que no sabremos nunca cuándo fue. creo que llegarán los reyes mientras ellos duermen.
Creo en que esa inocencia nos va a salvar.
Cada año llegaban de visita durante la semana familiares del interior de la provincia a regalarnos un lechón o pollos o un cabrito o una oveja. Y era mi abuela la encargada de preparar el plato principal. El resto de las integrantes de la casa de Bernarda Alba se ocupaba de hacer el resto de las compras (regalos incluidos) y de hacer los populares sanguchitos.
Mi responsabilidad era armar el arbolito. No era el arbolito más grande de la cuadra. Tampoco teníamos plata para comprar adornos nuevos todos los años, asi que tenía que manipular con mucho cuidado las guirnaldas para que no se rompa ninguna. No, no era claramente el arbolito más lindo pero era hermoso para mi.
Respecto de los regalos yo estaba convencido de que era el niño Dios en persona quien en algún momento pasaba a dejarme algún presente en el arbolito. El niño Dios. Un bebé que no sabía hablar y usaba pañales de tela.
Esa noche me ponía la mejor ropa y esperaba ansioso que salga la cena mientras me entretenía con los sanguchitos.
Y después del brindis, los besos y los deseos de las doce iba a toda velocidad a abrir mi regalo. Después se armaba un descontrol de niños en la cuadra, todos corriendo emocionados a mostrarle a los demás qué nos había traido ese bebé con super poderes.
Y como broche de oro para esos días mágicos llegaba Reyes. El barrio donde crecí está cerca de los cerros tucumanos y por las noches, si no hay nubes, pueden verse las luces de las casas que están en la cima. Todo el año pueden verse. Pero a partir del primero de enero para nosotros eran las luces de los reyes magos que venían camino a traernos más regalos. Nos volvíamos locos cortando césped, llenando vasos con agua, juntando galletas de esas que tenían forma de animales que no podían descifrarse y poniendo en la ventana un par de zapatos, el más decente de todos. El único en realidad.
Al amanecer encontraba un regalo nuevo. Seguramente habían entrado estos tres inmigrantes ilegales con tres animales exóticos de contrabando y con olor a incienso a dejarlo.
No habían dejando ningún rastro, salvo por el césped que había desaparecido, el agua se había terminado y las galletitas no estaban. Eran los únicos a los que les gustaban esas galletitas.
Y ese día se desarmaba el arbolito que con tanta emoción había armado.
Ese arbolito acompañó a las mujeres de casa hasta este año. Ya no daba para más. Y le dijimos a la Gringa que el arbolito nuevo iba a ser nuestro regalo de Navidad. Un árbol blanco me pidió, porque Jesús nació en invierno. Así fue que cargué un changuito con el árbol nuevo, adornos y luces mientras me vino una nostalgia muy grande por ese arbolito que por tantos años armé y desarmé, primero con mis manos de niño y más tarde con manos adolescentes.
Creo en todo lo que escribí.
Creo en esas memorias de mi infancia, en mi risa, en mis gritos emocionados, en mi desvelo feliz, en los sabores que aprendí de mi abuela.
Creo en ver felices ahora a mis hijos. Creo en encontrarme en sus ojitos, en sus pequeñas manos, en esa emoción que no ocultan esperando un regalo.
Creo en lo que creen, que vendrá un niño Dios en algún momento, mágico, que no sabremos nunca cuándo fue. creo que llegarán los reyes mientras ellos duermen.
Creo en que esa inocencia nos va a salvar.
jueves, 7 de diciembre de 2017
Estar.
Hoy asistí al acto de fin de clases de mis hijos. ¿Existe alguna escuela o colegio en este país donde los actos empiecen a la hora previste? ¡Qué fanatismo que tenemos los argentinos con la impuntualidad!
Y los números que arman para los pequeños. ¿De la mente de quién salen por favor?
El acto empezó con las palabras de compromiso de una locutora y el ingreso de la abanderada y escoltas de séptimo grado y del jardín de 5.
De repente presentaron a los mejores promedio de sexto grado y los de séptimo tuvieron que entregarles la bandera y las bandas. O sea que los de séptimo fueron desechados en ese instante.
Después siguió una cantidad insufrible de presentaciones. Sepan disculpar, no es que no tenga corazón, pero seamos honestos, ¿es requisito tener poca imaginación y creatividad para armar un número de un acto?
Mi hijo hizo de cola de cienpies. DE COLA DE CIENPIES. Lucía fue la primavera. Un rol mucho más digno al menos.
La música de fondo fue de Enya, Jennifer López, Pitbull, Ricky Martin, Pitbull de nuevo, Chino y Nacho, Nacho solo y Axel. Sí, dije Enya.
Creo que las presentaciones más insoportables fueron las de los chicos de séptimo y los de cuarto y quinto grado. Los primeros pasaron con una especie de espada luminosa mientras hacían la mímica de una canción y caminaban en círculos. Los segundos entraron con una linterna, haciendo también la mímica de una canción y ... caminaron en círculos. Espadas luminosas y linternas. Estaban todas las luces encendidas en el salón. Todas.
Párrafo aparte para los padres. Qué grupo que jamás llegaré a entender. Ese fanatismo que tienen por sobarle las espaldas a sus docentes favoritos, por formar una cuasi secta en whatsapp ... Y si llegás a estar en desacuerdo sos poco menos que el anticristo. Hitler es mejor persona que uno. Obviamente no estoy en ese grupo de whatsapp. Y tampoco me saluda ninguno. Eso que soy un amor de persona.
Lo más lindo fue darle un beso a mis pequeños. Estar ahí para ellos. Porque de eso se trata ¿no? Estar a pesar de tener que levantarme una hora antes, caminar once cuadras, esperar un interurbano, viajar en micro cincuenta minutos y repetir el viaje de retorno sólo para eso. Estar.
Y los números que arman para los pequeños. ¿De la mente de quién salen por favor?
El acto empezó con las palabras de compromiso de una locutora y el ingreso de la abanderada y escoltas de séptimo grado y del jardín de 5.
De repente presentaron a los mejores promedio de sexto grado y los de séptimo tuvieron que entregarles la bandera y las bandas. O sea que los de séptimo fueron desechados en ese instante.
Después siguió una cantidad insufrible de presentaciones. Sepan disculpar, no es que no tenga corazón, pero seamos honestos, ¿es requisito tener poca imaginación y creatividad para armar un número de un acto?
Mi hijo hizo de cola de cienpies. DE COLA DE CIENPIES. Lucía fue la primavera. Un rol mucho más digno al menos.
La música de fondo fue de Enya, Jennifer López, Pitbull, Ricky Martin, Pitbull de nuevo, Chino y Nacho, Nacho solo y Axel. Sí, dije Enya.
Creo que las presentaciones más insoportables fueron las de los chicos de séptimo y los de cuarto y quinto grado. Los primeros pasaron con una especie de espada luminosa mientras hacían la mímica de una canción y caminaban en círculos. Los segundos entraron con una linterna, haciendo también la mímica de una canción y ... caminaron en círculos. Espadas luminosas y linternas. Estaban todas las luces encendidas en el salón. Todas.
Párrafo aparte para los padres. Qué grupo que jamás llegaré a entender. Ese fanatismo que tienen por sobarle las espaldas a sus docentes favoritos, por formar una cuasi secta en whatsapp ... Y si llegás a estar en desacuerdo sos poco menos que el anticristo. Hitler es mejor persona que uno. Obviamente no estoy en ese grupo de whatsapp. Y tampoco me saluda ninguno. Eso que soy un amor de persona.
Lo más lindo fue darle un beso a mis pequeños. Estar ahí para ellos. Porque de eso se trata ¿no? Estar a pesar de tener que levantarme una hora antes, caminar once cuadras, esperar un interurbano, viajar en micro cincuenta minutos y repetir el viaje de retorno sólo para eso. Estar.
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