Los hombres somos básicos, simples y elementales. Siempre voy a defender esa postura. No se trata de una ventaja, no esa la postura que pretendo defender. Intento plantear quizás la mayor diferencia de géneros. Después de tener o no tener pito, por supuesto.
Todo es armonía en una pareja hasta que ...
Cin: "Amor, me sacás del placard el saquito mangas tres cuartos que usé el jueves de la primer semana de julio por favor"
En ese instante el Fer aún está pensando dónde está el placard. Después, de qué se trata "mangas tres cuartos". Empiezo a rememorar la clase de la señorita Elvira en tercer grado cuando me enseñó fracciones. Ok, ya está. Ahora, identificar las fechas es imposible. Si hay algo de lo que carecemos los hombres es de memoria. Y es una clara desventaja respecto de las damas. Sobre todo a la hora de discutir. Admiro realmente la capacidad que tienen para revolver lo sucedido hace 394 días, con precisión de hora y posición del sol.
En ese instante, al ver la desorientación del Fer, ella brinda una nueva pista: "Es el saquito color camel."
CAMEL.
Todo lo que pasa por mi cabeza en ese momento es que el color camel no existe. Mi cerebro se bloquea del mismo modo que la CPU de mi escritorio cuando quiero ejecutar diez programas al mismo tiempo. Es una fabulación. Yo conozco y reconozco los colores que me enseñó la señorita Teresita en primer grado. Paremos con esta corrupción.
Color borravino, uva, ladrillo, borgoña, natural, beige, café con leche ... Macri, pará la mano. Si quieren agregarle a alguna tonalidad a un color, eso ya está inventado. Verde oscuro, verde claro. Marrón oscuro, marrón claro. Negro oscuro, negro claro. Corta la bocha.
Pero el verdadero apocalipsis para las neuronas masculinas ocurre en este suceso:
Cin: "Amor, me sacás de la cartera el lápiz labial que usé el sábado pasado por favor."
Me dan ganas de renunciar a la vida.
Primero hay que ubicar la cartera. Y después, encontrás de todo en la cartera. Todo. Hasta el inmigrante ilegal que viste pasar por la cuadra todos los días y después desapareció misteriosamente. Mientras tanto mi cerebro básico, simple y elemental no registra el color de labial que usó el sábado pasado. Y lógicamente, no logro encontrarlo.
Es cierto que no somos muy dúctiles que digamos a la hora de buscar. Y quizás recurramos al método de la imposición de manos para tratar de encontrar las cosas (pasando las manos sobre una pila de ropa, como si a través de las palmas nos llegaran señales de que ahí está lo que buscamos) Pero mujeres, por favor, qué les cuesta intentar comprendernos. Las llamo a la racionalidad.
viernes, 4 de agosto de 2017
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