Puede que no tenga mucho tacto para darme cuenta de tu mal humor.
Quizás sea un poco tonto y no percibí que te lastimé actuando como un niño.
Puede que no haya tenido los huevos tan grandes como siempre lo pensé.
Es probable que yo no pueda con todo, que no sea el hombre que idealizaste.
...
Pero tu espalda es preciosa y sobre ese lienzo podría hacer más locuras de las que te imaginas.
Y de eso sí entiendo. Algo sé.
Y tus cabellos, ni tan largos ni tan cortos, piden que uno se aferre a ellos.
Y de eso entiendo un tanto más.
Tu boca, esa boca que hace que cualquiera te devuelva una
sonrisa ... sé muy bien qué hacer para transformar tu sonrisa en labios
par de brasas sobre mi cuerpo.
Esas caderas que cambian el paisaje por donde camines y
generan más de un pensamiento obsceno, caben perfectamente en mis manos.
Pero lo más inquietante es lo que escondes. Tu alma es la más bella que haya conocido.
Y es de tu alma de quien no puedo despegarme.
Así las cosas, para cuando termines de amigarte, me abraces y cruces tu pierna por sobre las mias, nos esperan unos mates mañaneros, muchos viajes y charlas, algunas broncas y otras tantas reconciliaciones.
Las que sean necesarias.
martes, 10 de abril de 2018
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