Ella se cansó de esperar un romance épico, de esos que parecen salidos de las películas.
Ella quería una reconciliación al mejor estilo Hollywood, con besos bajo la lluvia después, con más lágrimas que lluvia.
Ella exigía efectos especiales.
Él se fue sin que ella se de cuenta de que el amor más bonito es pequeño.
Pero un día ella advirtió que los efectos especiales estuvieron siempre ahí.
A veces en forma de chocolate en la puerta de la heladera, otras en forma de notita debajo de la almohada o dentro de su cartera, otras en la forma en que le cubría la pierna con la frazada por las noches cuando se destapaba, o como cuando advirtió (y esto fue lapidario) que siempre el plato mejor servido de la cena era para ella.
viernes, 14 de diciembre de 2018
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