Siempre le agradó su cabello, ya sea que esté largo o corto. Suave, fino, con ondas, cuando caminaba hacía sentir a quienes la miraban como si estuviesen dentro de una publicidad de shampoo. El movimiento de sus caderas ayudaba y mucho a esa percepción.
Cada vez que iba a la peluquería tenía mucha seguridad de qué es lo que quería. Jamás le consultó a su peluquera. Y Mercedes, la única persona que le tocó sus cabellos desde niña, jamás se atrevió a objetar las decisiones de Luz.
Siempre el resultado era el mismo. Todo le quedaba bien. Su rostro fino y su mirada intensa completaban un bello cuadro para cualquiera que se la cruce.
Sin embargo esa tarde Luz sintió de repente, saliendo del salón de Mercedes, que las únicas decisiones acertadas que tomó en su vida, fueron las relacionadas con sus cortes de cabello.
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Si se quedaron con ganas de más, tienen mucha razón. Estas líneas forman parte de un proyecto más grande que se va tejiendo a diario.
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