La realidad es que no te tengo.
Pero en el hipotético caso que me sucedas, si acaso yo te tuviese, en tus ojos encontraría todo el cielo que necesito.
Si simplemente te despertaras en mis brazos, no habría lugar en mi vida para ese perfume a nostalgia de sucesos no ocurridos que me invade a diario.
Si vos tan solo me vieses del modo en que yo te veo, dejaría de regalarte desvelos en vano.
Si ese día llegase, yo dejaría de conformarme con esa tarde donde el viento sopló a favor de mis deseos y reveló la sensualidad de tu pollera.
Si un buen día pudieses sentir lo que yo siento por vos, como descubro a diario ese conjuro que ata tus sonrisas a las mías, y cómo percibo que hasta de la brisa se desprenden acordes de guitarras cuando te escucho cantar, si lograses experimentar todo eso y darme una mínima señal de que te sucede lo mismo, llegado ese momento, serías mía.
Pero la realidad, (esa realidad monótona, rutinaria y pintada en escalas de grises), es que no te tengo, y que lo único que me pertenece es esta espantosa soledad.
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