martes, 7 de mayo de 2019

Versos encadenados (*)

“Quedate un ratito más” le suplicó ella, 
mientras de un salto llegó a la punta de la cama.

“Puedo quedarme quince minutos nada más”, 
le respondió Gaspar, a la vez que se ponía la remera
 con la inscripción “Francia ’98” que cuidaba
 con tanto cariño desde su adolescencia.
  
 “En quince minutos se pueden hacer muchas cosas
 … algunas más de una vez” ,le retrucó Maga, 
socarronamente, mientras le quitaba la remera con sus dientes.

“Dicen que el tiempo es relativo,
 que quince minutos pueden saber 
a una eternidad o a estrella fugaz”


“Te invito a que descubramos a que saben”

“El tiempo es una unidad de medida descartable 
entre nosotros,Maga. Nuestros quince minutos 
siempre saben a gloria húmeda.” 


“Dame quince minutos, solo eso. Y verás, o mejor dicho,
 sentirás que el tiempo se puede detener ante tus ojos, 
que mis manos se podrían amoldar a tu cuerpo 
a la perfección y que ya no importaría 
que haya que hacer otra cosa luego, 
porque con solo esos quince minutos de tu atención
te invadiría la gloria eterna en esta habitación.”

Él le dio sus quince minutos de fama y acabaron
 (nunca más apropiada la palabra) en una seguidilla
 de noches en que se olvidaban por completo 
del cuarto a media luz. Esa habitación, justamente,
 se convirtió en la máquina del tiempo 
- algo así como la Tardis- 
 donde podían ser veinteañeros 
o amantes con largos años de experiencia. 

“¿Alguna vez te dijeron que sabes a rocio de miel?”

“Algunas malas lenguas lo dijeron”

“Pero nunca una buena, como la mia” y Maga río de su osadía.

“Voy a convertirte en arte” le dijo Gaspar 
y pinceló con su lengua todo el cuerpo de ella. 

Durante un receso del amor, ella le arroja:
“Me acuerdo de lo que me contaste esa noche
 que bebíamos vino como agua y que fue de puras confesiones, 
que aprendiste a leer a los cuatro años. 
Pero fue más tarde que comprendí 
que tus recursos lingüísticos eran sobresalientes 
cuando me escribiste una novela entera entre mis piernas.”

“Amo escribir sobre vos, Maga. 
Reconocer cada rincón de tu cuerpo como 
experto cartógrafo en una expedición. 
Disfruto dejar marcas en mis lugares favoritos 
-ese lunar cerca del huesito dulce, por ejemplo-;
beber de vos para saciar mi sed y acabar 
(otra vez, palabra tan apropiada)
atrapado entre tus piernas; 
mi destino final para anclar.” 

“Entre nosotros no existen las horas, Gaspar 
y no nos regimos por horarios aptos para todo público
 o por la puntualidad londinense de la hora del té. 
No entendemos de protocolo o de religión. 
Lo único que nos importa es matarnos a versos, 
a besos, sin reloj y sin perdón de Dios.”

“Las horas se pierden en nuestro mundo … 
como aquella vez en el centro comercial ¿te acordas?,
 cuando nuestras miradas lo decían todo. 
Buscamos el vestidor apropiado para entregarnos sin pudor. 
Ambos sentimos un alivio avasallante 
cuando entré sin pedir permiso y te llevaste 
una mano a la boca para contener tu gemido, 
que brotaba como un río crecido.” 

“Por favor, esta noche no respetemos nada. 
Que no quede ninguna regla por romper, 
ni partes del cuerpo por explorar. 
Que no recuerdes ni mi nombre, porque se te confundirá 
con el de alguna deidad. Esta noche está 
para convertirse en criminal y matarte entregandote 
mi espalda hasta hacerte acabar. 
Y como la noche es larga, repitamos cada escena sin piedad.”

Recuerdo nuestra primera vez … 
con todos estos años encima te di 
la bienvenida a mi cama. 
“Voy a darte la cogida de tu vida”, te prometí 
en cuanto cruzaste la puerta de casa. 
No me diste ni tiempo para decirte nada más; 
el beso de la recepción incluyó a tu lengua 
enredándose con la mía. 
Sin exclamar palabra alguna, al menos ninguna 
que supere las dos sílabas, 
me exigiste que cumpla mi promesa toda la noche.” 

“Leería sin cansarme una y mil veces
 tu guión monosilábico, si mi boca entre tus partes
 es la culpable de hacerte exclamar así.” 

“Eso me dijiste esa vez, quiero leerte detenidamente. 
Me descubrí por completo para que empieces
 a pronunciarme. 
Confieso que disfruté mucho cuando te detuviste 
en tu párrafo favorito, envolviendo mi miembro
 con tus labios (¡Ay Maga,ni que hicieras honor a tu nombre!),
 logrando que descubra letras escondidas y a la vez, 
reescribiéndome a tu gusto … 
la dueña del guión de esta historia”

“Esta historia, mi amor, se escribe a dos manos,
 una tuya y una mía” 

                                                       “Y estamos tan  lejos de ponerle el punto final.”

(*) Escrito junto a Noe Bianco, autora de La Maga de Julio , blog que exige lectura urgente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Manual para matar.

¿Cómo matar a un no muerto? Lo sé, parece una pregunta estúpida, y quizás lo sea. Jamás me agradaron los dueños de verdades y no pretendo tr...